[REVIEW] Tetris: The games people play

Si alguna vez disfrutó del jueguito de los bloques cayendo y no pudo dejarlo estar, o si tiene interés en la historia de los videojuegos, no puede dejar pasar este libro.

Tetris es uno de los casos más curiosos y extraordinarios del siempre creciente mundo de los videojuegos.

Creado en 1984 por Alexey Pajitnov en sus momentos de ocio, todo en este juego indica una simpleza única, la cual –suponemos, como observadores casuales- es la razón principal de su éxito.

Pero -como el juego mismo- nada es tan sencillo como se ve a primera instancia. Concebido en Rusia durante el último tercio de la guerra fría, este inocente juego se hizo tan popular que logró escapar de la cortina de hierro y se convirtió en un fenómeno mundial. Pero el camino al éxito sería todo menos directo.

Empresas de todo el mundo tendrían que romper las paredes de la ideología y del lenguaje para hacerse de sus derechos, y dos colosos rivales de la industria de los videojuegos (Nintendo y Atari) terminarían yendo a la guerra para lograrlo. Guerra de litigios, eso es. Y en el intertanto, ni su modesto creador (un hombre que jamás siquiera imaginó el éxito que llegaría a alcanzar su idea), ni el propio gobierno ruso, estaban al tanto de la mina de oro sobre la cual estaban sentados.

Pero “Tetris: The Games People Play” es más que solo un cómic sobre la compleja y fascinante historia de uno de los videojuegos más populares jamás concebidos -y créanme cuando les digo que es interesante y compleja-. Es, también, un cómic sobre la historia de los juegos en general, de cómo nos ayudan a pasar los ratos de ocio y nos retan intelectualmente a resolver problemas.

Un cómic sobre la historia de los juegos en general.

Es la historia de la pequeña empresa que pudo, Nintendo, y de cómo ésta cambió para siempre el rostro de la industria. Es la historia de cómo rencillas y rencores previos harían que dos antiguas instituciones aliadas se saquen los proverbiales ojos en tribunales.

Es la historia de cómo los que estaban detrás de este juego aprovecharon de convertirlo en un puente entre dos culturas ideológicamente opuestas durante una de las épocas más maniqueas de la historia. Es la historia de un gobierno que se aprovechó de la idea de un genio y, debido a su propia burocracia, casi arruina uno de los negocios más lucrativos con los que se topó.

Es una historia de idealismo. De egos y ambición desmedida. De equivocaciones propias de la comedia más absurda, y de golpes de suerte del guión más arbitrario. Incluso, es una historia de asesinatos.

Es la postal de un momento fascinante en nuestra historia reciente. Es la historia del Tetris, narrada con maestría por el trazo sencillo -apropiadamente- del caricaturista Box Brown (autor de la exitosa novela gráfica “Andre The Giant: Life and Legend”), el juego de ingenio que dejó la fría Rusia para instalarse en cada computador, consola, dispositivo electrónico portátil, y –cómo no- corazón de sus aficionados.

Si alguna vez disfrutó del jueguito de los bloques cayendo y no pudo dejarlo estar, o si tiene interés en la historia de los videojuegos, de los desaguisados, o de los litigios, no puede dejar pasar este libro.

Asegúrese, eso sí, de ordenarlo en la repisa de tal forma que no complete una línea, o se le desaparecerán todos sus libros*.

Dasvidaniya, tovarisches.

 

*Chiste facilitado por el camarada Gabriel Aiquel.

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Brian Wallis escribe historias de cómic en diferentes revistas y diarios. Ha participado en proyectos tales como revistas de antología, web cómics, series de distribución masiva y novelas gráficas. Pero eso no es lo realmente curioso. Para nada. Lo más extraño de este excéntrico sujeto es que cuando no se encuentra guioneando (así es como se dice, ¿no?), habita en un extraña estructura tridimensional similar a un paralelepípedo, que a su vez contiene sub-secciones de menor tamaño en su interior. Brian ha llamado antojadizamente “Casa” a esta curiosa estructura. Y a sus sub-secciones, “Habitaciones”. Nadie sabe por qué. Mejor ni les cuento de la extraña pócima color marrón que bebe en las mañanas y que aparentemente se origina de la infusión de un árbol nativo de Asia y África. No, es mejor dejar eso a la imaginación. Es todo parte del misterioso misterio encerrado en un enigma, encerrado en una “casa” (en serio, ¿qué significa?) que es este singular tipejo, a quien por cierto encuentras en twitter  y facebook, pero no en instagram o en su propia página (principalmente, porque no sabe cómo operarlas).

 

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